Fátima encontró la valentía para señalar a su agresor en Guatemala
Un funcionario público abusó de ella. Hoy Fátima reclama justicia para que la historia no se repita en su país

Para Fátima, José fue siempre como un padre.

Desde que era muy pequeña, en una ciudad del interior de Guatemala, el profesor universitario y funcionario público ayudaba a la familia con algunos gastos y le compraba cuadernos y útiles para el colegio.

El apoyo económico permanente de José a la madre de Fátima le ayudó a ganarse su confianza, hasta el punto de permitirle a su hija, entonces de 12 años, viajar a la capital con él. Fueron dos viajes. El segundo de ellos destruiría sus sueños y esperanzas.

En la noche del 27 de noviembre de 2009, José irrumpió en la habitación donde Fátima dormía y la violó. No valieron de nada los ruegos de la niña, ni su llanto, ni su resistencia.

Tres meses después, la madre de Fátima descubrió que su hija estaba embarazada. Al principio, la pequeña no quiso dar el nombre del responsable. Sentía miedo, sentía rabia. Tan solo después de hablar con una psicóloga que le brindó apoyo gratuito tuvo la valentía de señalar a José como su agresor.

La denuncia se interpuso casi de inmediato y, aunque trataron a Fátima como si fuese una mujer adulta y no le permitieron realizar las primeras entrevistas acompañada por su madre, el proceso parecía marchar por buen camino. Se ordenó la captura del agresor y allanamientos en los lugares que frecuentaba.

Pero José se esfumó.

En mayo de 2010, el agresor le hizo una llamada a la madre de Fátima en la cual aceptó su responsabilidad y le ofreció dinero para que desistiera de las acciones legales. Poco tiempo después, algunos miembros de su familia llegaron a la casa de Fátima para pedirle que cesara en las demanda. Fátima y su madre rechazaron los chantajes.

La violencia sexual tiene impactos devastadores en la vida de las niñas. Cuando esa violencia causa un embarazo los efectos se multiplican. Fátima vio fuertemente afectada su autoestima. Pensó en el suicidio. Las consecuencias en su estabilidad emocional tuvieron impacto en su salud física, la cual ya se veía amenazada por un embarazo de alto riesgo.

Funcionarios del Estado tuvieron conocimiento de las severas afectaciones del embarazo en la salud de Fátima. Sin embargo, ella fue obligada a continuar con el embarazo resultado del abuso.

Los meses siguientes transcurrieron entre apelaciones de la defensa e inútiles acciones de búsqueda del violador. Los contactos del agresor dentro del Estado obstaculizaron el acceso a la justicia. Los meses se convirtieron en 9 años sin noticias del culpable. “El sistema de justicia en nuestro país es nefasto” acusa Fátima, con la perspectiva que da el tiempo, “cuesta mucho poder lograr algo, pero debemos denunciar para que esto no le pase a otras niñas”.

Entretanto, Fátima se enfrenta a una maternidad para la cual no estaba preparada y por la cual enfrentó el rechazo social. Tuvo incluso que abandonar sus estudios durante un tiempo debido a la discriminación que enfrentó en su colegio.“La mayoría de la gente te tacha como si la culpa fuera de uno. Para mí fue difícil… Recibí muchas críticas de mis docentes y también de mis amigos”, lamenta.

Hoy, el Estado tiene la oportunidad de proteger a las niñas guatemaltecas y garantizar que puedan vivir una niñez plena y decidir sobre su futuro. Son #NiñasNoMadres